Cuando tu papel como madre no es el que esperabas, se necesita un tiempo de aceptación.
Yo no tenía claro cómo sería ser madre, pero no pensaba que fuera tan diferente a la mayoría.
Todas las madres se cansan, se frustran, todas nos sentimos perdidas y solas en alguna ocasión, pero cuando tu hijo es neurodiverso, todo es un poco más complicado.
Mientras que muchas se preocupan de que sus hijos saquen las mejores notas, metan más goles que nadie o toquen mejor el piano, otras madres nos preocupamos de que aprendan a identificar y poner sus emociones en el lugar adecuado, que coman algo más de las pocas cosas que son capaces de comer, que sepan jugar con amigxs, que sepan expresar si algo les duele o les incomoda antes de que haya una crisis, que se sepan defender, que sepan distinguir una burla… y podría seguir casi infinitamente.
Que las actividades que pudieron pasar por tu cabeza en algún momento de cosas que le gustaría, se han convertido en terapias y que hacer ciertos planes o simplemente ir al súper se convierta en una preparación e incluso a veces en tensión.
De hecho todo es una preparación, una anticipación, y sacar todo el instinto animal, maternal y humano para poder ver e intuir ciertas situaciones e imprevistos que puedan suceder.
Y te sientes sola, incomprendida, porque realmente hay poca gente que lo entienda de verdad sin vivirlo.
Pero no, no lo estamos, hay muchas familias en la misma situación y cuando hablamos con madres que vivimos algo parecido es una pasada el entendimiento, las miradas cómplices, incluso nos acabamos las frases, y hace que te sientas mejor, porque no hay nada como sentir apoyo y comprensión, poder hablar sin que te juzguen y en el mismo idioma.
Y es que qué sano es y qué necesario, hasta te renueva la mente y te da fuerza para seguir.
Juntas somos más fuertes 💪🏻
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